Categories
Notes de lectura

El mundo roto. Tres epistolarios románticos, Lord Byron, John Keats, Mary & Percy Shelley

El mundo roto. Tres epistolarios románticos, Lord Byron, John Keats, Mary & Percy Shelley

Cartas de amor y muerte

No creo que haya mucha duda de que leer su correspondencia sea una de las opciones más adecuadas que tenemos para acercarnos a los grandes autores, de poderlos conocer de una manera más directa y, sobre todo, más auténtica. Me refiero, claro, a autores de otros tiempos, que no debían prever que sus cartas fueran publicadas nunca. En lo más recientes, que ya lo podían prever, esta autenticidad hay que ponerla, al menos, entre paréntesis.

Si en Lugar de una recopilación de cartas, un solo libro nos ofrece tres, y de tres grandes escritores, no podemos sino celebrarlo. El mundo roto. Tres epistolarios románticos, Lord Byron, John Keats, Mary & Percy Shelley, Alpha Decay, septiembre de 2020, incluye una selección de la las cartas que escribieron aquellos que Gonzalo Torné, editor del volumen, para diferenciarlos de sus predecesores, Wordsworth y Coleridge, denomina el segundo grupo de poetas románticos ingleses del siglo XIX. Caracterizados todos ellos por “una vida apasionada y una muerte temprana. […] Byron [muere] a los treinta y seis; Shelley, a los veintinueve; Keats a los veinticuatro” (p. 7).

Cuatro escritores “la manifestación preferida de los [cuales] será el amor” (p. 8). Un amor tan apasionado como devastador. Un amor que caracterizó no sólo su obra sino toda su existencia. Una existencia y un amor que los hizo como eran y les hizo escribir como escribieron.

Leyendo la primera parte del volumen, que es, con (mucha) diferencia, la más larga, podremos saber que si Lord Byron vivió fuera de su país de nacimiento no fue tanto por una visión romántica o aventurera de la vida, sino, sobre todo, para huir de Inglaterra y de su familia. De un país y de una familia que le hacían la vida imposible, que la convertían en un infierno del que necesitaba alejarse tanto como le fuera posible.

No es pues, tanto, para vivir nuevas experiencias y poderlas escribir, sino, simplemente, para poder respirar: “Este sitio es un páramo miserable, una caótica ciénaga de villanía” (p. 30); “Lo único que me gusta de Inglaterra eres tu” (p. 37), le dice a su hermanastra Augusta Leigh.

Una necesidad de huir a la que, por supuesto, hay que añadir otros condicionantes personales que contribuyeron decisivamente. Como la incomodidad que le provocaba la vida social —“la soledad se adapta mejor a las inclinaciones de mi temperamento que cualquier clase de sociedad” (p. 34); “es el trato con el mundo el que ha endurecido mi corazón” (p. 35); “Aquí vivo a mi manera, y mi manera es la soledad” (p. 35); “Odio el ajetreo y estar rodeado de gente” (p. 57)— o la identificación i afinidad (electiva) que sentía por Italia: “la belleza [de Venecia], pese a que no pasa día sin que decaiga, puede llegar a ser perturbadora” (p. 83).

Seguramente, lo que más nos sorprenderá al leer su correspondencia, (en realidad, en cuanto a este aspecto, tanto la suya como la de sus tres compañeros), son las constante referencias al dinero, a las cuestiones económicas, que no acostumbramos a relacionar con los poetas y, menos aún, con los románticos. Así, nos sorprende que en sus escritos no dude en mezclar, con tanta naturalidad aspectos literarios con pecuniarios: “Que […] al público le guste o no mi «poashia» no tiene la menor importancia, lo único que ahora me importa son las ganancias” (p. 87); “Haced el favor de enviarme todo el dinero que le saquéis a Murray por mi obra” (p. 96).

Por lo que al amor se refiere, destaca la pasión y la intensidad con que se dirige a su amada: “Teresa mía, ¿dónde estás?, aquí todo me recuerda a ti, todo es idéntico, pero yo estoy solo y tú ya no estés. Cuando dos se separan sufre menos quien se aleja que aquel que se queda. […] Veo las mismas caras, escucho los mismos tonos de voz, y no me atrevo a mirar hacia nuestro querido sofá, pues sé perfectamente que no te veré a ti sentada” (p. 104); “Te amo, las palabras capaces de expresar hasta qué punto y con qué intensidad todavía no se han acuñado, pero el tiempo hablará por mi y te demostrará hasta qué punto te has convertido en el motivo principal por el que respiro, y el único por el que moriría” (p. 119).

Cuando, en la segunda parte, leemos las cartas de Keats, lo primero que constatamos es que, cuando de amor se trata, la semejanza con su compañero es total. Como él, también le dice a su amada que: “no sé cómo expresar mi devoción por ti con las palabras justas, me gustaría encontrar palabras que superasen en brillo a las más brillantes estrellas, palabras que desbordasen en precisión a las criaturas más precisas de la naturaleza” (p. 200); que: “con las palabras no puedo acercarme a lo mucho que me gustas” (p. 209).

Porque, también para el autor de Hyperion el amor es el centro y la razón de su existencia: “paso todo cuanto ocurre […] por el filtro de nuestro amor” (p. 209); “Yo observo la vida exclusivamente por el ojo de la cerradura de tu amor” (p. 237).

Que hace lo que hace, que toma las decisiones que toma siempre en función de aquella a quien ama: “Estoy deseando retirarme a Winchester, entre otras cosas porque aquí todo me recuerda tu ausencia: los hombres, el paisaje, incluso los guijarros” (p. 211). Que, incluso cuando la tuberculosis lo situó entre la espada y la pared, cuando la enfermedad que había que acabar con él le hacía sufrir hasta límites insufribles, lo que sigue siendo más importante para él es Fanny, el amor de su vida: “¿Qué valor tendría mi salud si me obligara a renunciar a tu amor?” (p. 233).

Un apasionamiento y una preeminencia del amor que se hace presente, igualmente, en la tercera parte del volumen, que recoge una selección de las cartas del matrimonio Shelley.

 Cuando leemos las que escribe, a los dieciséis y diecisiete años, la joven Mary al que acabaría convirtiéndose en su marido, no sabemos si nos ha de impresionar más su madurez, su dominio de la lengua o su claridad: “¿Cómo razonar y filosofar sobre el amor? […] si me pidieran una razón a favor de tu manera de amarme no encontraría ninguna” (p. 250); “creo […] en los amores perfectos, !incluso creo que pueden darse y encontrarse en este mundo¡” (p. 253).

Un dominio de la lengua y claridad que alcanza su cenit a veintidós cuatro años, cuando Percy muere ahogado y ella escribe, a varios corresponsales, unas cartas (páginas 292 hasta la 322), que, según mi modesto punto de vista —a pesar de que, “cuando se trata de crítica la mera opinión no constituye prueba alguna” (p. 32)— constituyen algunas de las más emotivas, intensas y conmovedoras de la literatura universal de todos los tiempos.

Digo, expresamente, “de la literatura”, y no “de los epistolarios” porque creo que son muy pocas las obras de creación literaria que pueden, no ya superarlas, sino igualarlas.

Tanto es así que, si el volumen no contara con motivos suficientes para ser leído (y releído), estas treinta páginas ya justificarían, con creces, que fuera recomendado a todos y todas las amantes de las bellas letras; a todos y todas los exploradores de la condición humana.

martes 3 de noviembre del mmxx

© Xavier Serrahima 2020
www.racodelaparaula.cat
www.xavierserrrahima.cat
@Xavierserrahima
orcid.org/0000-0003-3528-4499

Aquesta obra de Xavier Serrahima està subjecta a una llicència de Reconeixement-NoComercial-SenseObraDerivada 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0)

Categories
Notes de lectura

El mundo roto. Tres epistolarios románticos, Lord Byron, John Keats, Mary & Percy Shelley

El mundo roto. Tres epistolarios románticos, Lord Byron, John Keats, Mary & Percy Shelley

Cartes d’amor i de mort

No crec que hi hagi gaire dubte que llegir la seva correspondència sigui una de les opcions més adients que tenim d’acostar-nos als grans autors, de poder-los conèixer d’una manera més directa i, sobretot, més autèntica. Em refereixo, és clar, a autors d’altres temps, que no devien pas comptar que les seves cartes fossin publicades mai. En el més recents, que ja ho podien preveure, aquesta autenticitat cal posar-la, almenys, entre parèntesi.

Si en comptes d’un recull de cartes, un sol llibre ens n’ofereix tres, i de tres grans escriptors, no podem sinó celebrar-ho. El mundo roto. Tres epistolarios románticos, Lord Byron, John Keats, Mary & Percy Shelley, Alpha Decay, setembre del 2020, inclou una selecció de la les cartes que van escriure aquells que Gonzalo Torné, editor del volum, per diferenciar-los dels seus predecessors, Wordsworth i Coleridge, anomena el segon grup de poetes romàntics anglesos del segle XIX. Caracteritzats tots ells per “Una vida apasionada y una muerte temprana. […] Byron [muere] a los treinta y seis; Shelley, a los veintinueve; Keats a los veinticuatro” (p. 7).

Quatre escriptors “la manifestación preferida de los [cuales] será el amor” (p. 8). Un amor tan apassionat com devastador. Un amor que caracteritzà no tan sols la seva obra sinó tota la seva existència. Una existència i un amor que els va fer com eren i els va fer escriure com van escriure.

Llegint la primera part del volum, que és, amb (molta) diferència, la més llarga, podrem saber que si Lord Byron visqué fora del seu país de naixença no fou tant per una visió romàntica o aventurera de la vida, sinó, sobretot, per fugir d’Anglaterra i de la seva família. D’un país i d’una família que li feien la vida impossible, que la convertien en un infern del que li calia allunyar-se’n tant com li fos possible.

No pas tant, doncs, per viure noves experiències i poder-les escriure, sinó, simplement, per poder respirar: “Este sitio es un páramo miserable, una caótica ciénaga de villanía” (p. 30); “Lo único que me gusta de Inglaterra eres tu” (p. 37), li diu a la seva germanastra Augusta Leigh.

Una necessitat de fugir a la qual, per descomptat, cal afegir-hi d’altres condicionants personals que hi van contribuir decisivament. Com la incomoditat que li provocava la vida social —“la soledad se adapta mejor a las inclinaciones de mi temperamento que cualquier clase de sociedad” (p. 34); “es el trato con el mundo el que ha endurecido mi corazón” (p. 35); “Aquí vivo a mi manera, y mi manera es la soledad” (p. 35); “Odio el ajetreo y estar rodeado de gente” (p. 57)— o la identificació i afinitat (electiva) que sentia per Itàlia: “la belleza [de Venecia], pese a que no pasa día sin que decaiga, puede llegar a ser perturbadora” (p. 83).

Segurament, el que més ens sobtarà en llegir la seva correspondència, (en realitat, pel que fa a aquest aspecte, tant la seva com la dels seus tres companys), són les constant referències fa al diner, a les qüestions econòmiques, que no tenim gaire costum de relacionar amb els poetes, i encara menys amb els romàntics. Així, ens sorprèn que en els seus escrits no dubti en mesclar, amb tanta naturalitat aspectes literaris amb pecuniaris: “Que […] al público le guste o no mi «poashia» no tiene la menor importancia, lo único que ahora me importa son las ganancias” (p. 87); “Haced el favor de enviarme todo el dinero que le saquéis a Murray por mi obra” (p. 96).

Pel que a l’amor es refereix, destaca la passió i la intensitat amb que s’adreça a la seva estimada: “Teresa mía, ¿dónde estás?, aquí todo me recuerda a ti, todo es idéntico, pero yo estoy solo y tú ya no estés. Cuando dos se separan sufre menos quien se aleja que aquel que se queda. […] Veo las mismas caras, escucho los mismos tonos de voz, y no me atrevo a mirar hacia nuestro querido sofá, pues sé perfectamente que no te veré a ti sentada” (p. 104); “Te amo, las palabras capaces de expresar hasta qué punto y con qué intensidad todavía no se han acuñado, pero el tiempo hablará por mi y te demostrará hasta qué punto te has convertido en el motivo principal por el que respiro, y el único por el que moriría” (p. 119).

Quan, en la segona part, llegim les cartes de Keats, el primer que constatem és que, quan d’amor es tracta, la semblança amb el seu company és total. Com ell, també li diu a la seva estimada que: “no sé cómo expresar mi devoción por ti con las palabras justas, me gustaría encontrar palabras que superasen en brillo a las más brillantes estrellas, palabras que desbordasen en precisión a las criaturas más precisas de la naturaleza” (p. 200); que: “con las palabras no puedo acercarme a lo mucho que me gustas” (p. 209).

Perquè, també per a l’autor d’Hyperion l’amor és el centre i la raó de la seva existència: “paso todo cuanto ocurre […] por el filtro de nuestro amor” (p. 209); “Yo observo la vida exclusivamente por el ojo de la cerradura de tu amor” (p. 237).

Que fa el que fa, que pren les decisions que pren sempre en funció de la seva estimada: “Estoy deseando retirarme a Winchester, entre otras cosas porque aquí todo me recuerda tu ausencia: los hombres, el paisaje, incluso los guijarros” (p. 211). Que, fins i tot quan la tuberculosi el situà entre l’espasa i la paret, quan la malaltia que havia d’acabar amb ell el feia patir fins a uns límits insofribles, el que segueix essent més important per a ell és Fanny, la seva estimada: “¿Qué valor tendría mi salud si me obligara a renunciar a tu amor?” (p. 233).

Un apassionament i una preeminència de l’amor que es fa present, igualment, en la tercera part del volum, que recull una selecció de les cartes del matrimoni Shelley.

Quan llegim les que escriu, als setze i disset anys, la jove Mary al que acabaria convertint-se en el seu marit, no sabem si ens ha d’impressionar més la seva maduresa, el seu domini de la llengua o la seva claredat: “¿Cómo razonar y filosofar sobre el amor? […] si me pidieran una razón a favor de tu manera de amarme no encontraría ninguna” (p. 250); “creo […] en los amores perfectos, !incluso creo que pueden darse y encontrarse en este mundo¡” (p. 253).

Un domini de la llengua i claredat que assoleix el seu zenit als vint-i-quatre anys, quan Percy mor ofegat i escriu, a diversos corresponsals, unes cartes (pàgines 292 fins la 322), que, segons el meu modest punt de vista —tot i que, “cuando se trata de crítica la mera opinión no constituye prueba alguna” (p. 32)— constitueixen algunes de les més emotives, intenses i colpidores de la literatura universal de tots els temps.

Dic, expressament, “de la literatura”, i no pas “dels epistolaris” perquè crec que són, molt poques obres de creació literària que poden, no ja superar-les, sinó igualar-les.

Tant és així que, si el volum no comptes amb motius suficients per ésser llegit (i rellegit), aquestes trenta pàgines ja justificarien, amb escreix, ser recomanat a tots i totes les amants de les belles lletres; a tots i totes els exploradors de la condició humana.

dimarts 3 de novembre del mmxx

© Xavier Serrahima 2020
www.racodelaparaula.cat
www.xavierserrrahima.cat
@Xavierserrahima
orcid.org/0000-0003-3528-4499

Aquesta obra de Xavier Serrahima està subjecta a una llicència de Reconeixement-NoComercial-SenseObraDerivada 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0)

Categories
Notes de lectura

El vent de la nit, Joan Sales

El vent de la nit, Joan Sales

El malson que va fer impossible la vida

És prou sabut que durant força temps, El vent de la nit, Club Editor, 2018, va constituir la darrera part de l’obra major de Joan Sales, Incerta glòria, fins que en fou, molt encertadament, segregada. Molt encertadament perquè, malgrat la seva proximitat i el manteniment d’alguns trets d’identitat comuns, no tan sols són dues novel·les diferents, sinó molt diferents.

I ho són, no tant per les raons obvies (una tracta la incerta glòria de la guerra; l’altra, la nit obscura i obscuridora de la postguerra), sinó, sobretot, pel seu to. Pel seu to literari però, encara  més, pel seu to existencial; per la visió que ens ofereixen de la vida i el viure; en realitat, del viure i del sobreviure.

És per aquesta raó que em sembla tan adient com necessari tenir en compte el criteri que apunta Gonzalo Torné al postfaci: “convé un abordatge d’El vent de la nit que se la prengui de debò com una novel·la independent, […] abordar-la com una entitat autònoma”.

En primer lloc, per una raó que, de tan evident, potser no caldria ni esmentar: perquè cada obra literària (i artística, en general) s’ha de sostenir (i justificar) per ella mateixa —i en ella mateixa. I, en segon —i, en aquest cas, aquesta segona raó és del tot essencial—, perquè l’ombra d’Incerta glòria és massa allargada. Perquè és injust comparar-la amb el que Torné defineix, molt encertadament, com “una de les millors [novel·les] que s’hagin escrit a la Península durant la segona meitat del segle”. I no tan sols a la península ibèrica, afegiria jo.

Amb tot —i confio que els lectors i lectores d’aquesta crítica bé sabran entendre i perdonar-me aquesta meva (teòrica) contradicció— entenc que si volem analitzar com es mereix aquesta novel·la resulta absolutament imprescindible tenir ben present l’anterior. Referir-s’hi i comparar-les, ja que, malgrat que són (i han d’ésser, per força) independents, són dues cares d’una i la mateixa moneda. La primera, la cara clara; la segona, la cara fosca, desencantada.

La cara fosca perquè, i aquest aspecte és crucial, és filla d’un altre temps i, per tant, gairebé d’un altre Joan Sales. D’un Joan Sales que havia viscut, i, sobretot, sofert molt; sofert al més endins del més endins.

Si escriure és reviure (i fer-nos reviure), el Joan Sales que escriu El vent de la nit és tan i tan diferent del que escrivia Incerta glòria que no costaria gens de creure que fossin dues persones diferents; si més no, la mateixa persona, abans i després de la catàstrofe o de l’ensulsiada; la mateixa persona després d’haver-ho perdut (gairebé) tot.

No és, doncs, pas per casualitat —res no ho pot ésser, si és obra de Sales—, que els títols siguin tan expressius, tan determinants; títols que ens traslladen de la glòria, a la nit. I si la glòria era incerta, opinable, discutible, la nit no ho és gens: no pot ésser més fosca i inhòspita. Al contrari del que podria esperar-se, doncs, el que hauria d’ésser (més aviat) fosc, la guerra, és (més aviat) lluminós; el que hauria d’ésser (més aviat) lluminós és fosc, fosquíssim. Una foscor que, a Catalunya, i permeteu-me l’expressió, era doblement fosca: socio-políticament i nacional.

Si en Incerta glòria el que prevalia, tan literàriament com existencialment, era un esperit stendhalià, en aquesta novel·la el que predomina és un esperit on es mesclen, (més o menys) a parts iguals els esperits dostoievskià i el kazantzakisià.

De nou, la contraposició, l’inesperat: a la guerra, allí on no sembla que hi hagi d’haver lloc per al sentit estètic o de la bellesa, Sales l’hi trobava; hi trobava una bellesa espiritual; els ideals i les esperances dels qui hi van lluitar no tan sols eren bells: eren bellíssims, insuperables. Per contra, a la postguerra, Sales ja només hi veu lletjor; lletjor, foscor, desesperança, descreïment dolor; o el que és el mateix: la nit.

Perquè la nit —i ara entro, de ple, en El vent de la nit— és la dictadura franquista, els quaranta anys d’esquarterament i de repressió, de vida sotmesa a l’espasa de Dàmocles de la injustícia i de l’arbitrarietat, però és, encara més, la nit de la (sub)vida de Cruells, el protagonista de la novel·la. D’ell, i per extensió, de tots aquells seus contemporanis que, com Sales, havien lluitat per un món molt millor.

Que van lluitar i van perdre. Dels vençuts, a les mans dels quals no els va quedar més que cendra. I no només la cendra dels cadàvers dels homes i les dones que van deixar les seves vides en el camp de batalla o en la posterior repressió, sinó, sobretot, la cendra dels seus somnis i il·lusions; la cendra de les seves vides vençudes, balafiades.

Els principis, ideals i objectius de la guerra els donaren raons per viure; la postguerra, caiguda com una guillotina damunt els seus colls, les eliminà totes; convertí les seves vides en una nit eterna; en un túnel sense sortida; en una mort en vida. Si alguna evidència queda clara, claríssima, en acabat de llegir la novel·la és que si la guerra va causar la mort d’un gran nombre de republicans, la postguerra els acabà de matar a tots: “La Mentida […] és la reina del món” (pàg. 98); “Feliç qui se sent un fracassat i ho accepta sense amargor; l’acceptació del propi fracàs és l’únic èxit possible (pàg. 99); “Les úniques temptacions que valdrien la pena són precisament aquelles que no es presentaran mai (pàg. 121).

Hi ha molt més a dir (sobre «el català que es parla al carrer»; sobre el bé i el mal; sobre el temps i el pas del temps; sobre l’absurd i el buit de la vida; sobre la redempció i la resurrecció; sobre creure i voler creure; sobre la joventut i la vellesa; sobre vençuts i vencedors; sobre la memòria; sobre la literatura; …), però prefereixo concloure ja la meva anàlisi.

Ho faig destacant fins a quin punt resulta ésser clarivident la citació de Henri Bergson que encapçala la novel·la (Quant à moi, je serai ben content si un jour on venait à prétendre qu’Henri Bergson n’a pas existé”): al llarg dels quaranta anys de foscor interminable de la dictadura franquista, hi vivia o existia —hi podia viure o existir— algú, a Catalunya?

Si sempre ha estat difícil de definir que és una novel·la, des de fa un temps sembla que encara hi hagi més confusió —i més narradors o novel·listes confusos.

Jo crec que una novel·la, una novel·la de veritat (és que n’hi ha d’altres?) ha d’ésser una obra d’art; una creació artística en la qual forma i fons es dissolen (i confabulen) en perfecta harmonia, con-formant una sola i única realitat; ha d’ésser el fruit (madur i madurat) d’una indefugible necessitat expressiva de qui l’escriu; ha d’ésser, sobretot, una metàfora vital o existencial que ens deixi petja, que ens ajudi a il·luminar (encara que només sigui un xic i per un instant) algun dels milions de racons foscos de la condició humana.

Si compartiu, pam amunt, pam avall, aquesta meva definició, doneu-vos l’oportunitat de descobrir la segona gran novel·la de Joan Sales.

divendres, 29 de juny del mmxix

© Xavier Serrahima 2019
orcid.org/0000-0003-3528-4499
www.racodelaparaula.cat
www.xavierserrrahima.cat
@Xavierserrahima


Aquesta anàlisi literària de “El vent de la nit, de Joan Sales” de Xavier Serrahima està subjecta a una llicència de Reconeixement-NoComercial-SenseObraDerivada 4.0 Internacional de Creative Commons

Categories
Notes de lectura

Les parelles dels altres, Gonzalo Torné

D’un temps ençà, tant a casa nostra (damià bardera, Adrià PujolYannick Garcia…) com a fora (Ferdinand von SchirachDavid BezmozgisAlice MunroGeorge SaundersJames Salter…), hi ha tot un conjunt d’autors que semblen haver-se proposat demostrar que potser el del conte pugui ésser definit com a gènere menor per la seva extensió però no pas per la seva qualitat. Es tracta d’escriptors que se senten no ja còmodes, sinó comodíssims en la llargària dels relats; tant que els han convertit en el seu camp de joc literari —i, en no poques ocasions, en unes més que intenses novel·les en miniatura que ben poc tenen a envejar a les seves germanes majors.

El cas de Gonzalo Torné és un xic diferent, ja que, com ell mateix reconeix —“mis novelas […] suponen mi principal empeño como escritor”, (pàg. 134)—, els contes no són el nucli de la seva producció literària, sinó una possibilitat d’ampliar la seva obra, d’afegir-li un contorn suplementari. Raó per la qual els personatges de Les parelles dels altres (Las parejas de los demás), Labreu Edicions, novembre del 2013, amb traducció de Joan Todó, s’han pres unes petites vacances sabàtiques de les novel·les que els veieren néixer per deixar les seves petges en aquests relats.

La qual cosa no significa, per fortuna, que calgui haver llegit Hilos de sangre o Divorcio en el aire per entendre les narracions que aplega aquest llibre: per més que l’autor hagi establert una mena de vasos comunicants literaris entre els contes i les seves novel·les anteriors, aquests es poden llegir com a entitats narratives del tot independents. I no tan sols es poden llegir així, sinó que sigui aquesta, segurament, la millor manera de fer-ho: com a obres que se sostenen i justifiquen per —i en— elles mateixes. Malament aniríem sinó…

En abocar-nos-hi, és ben probable que la primera pregunta que ens fem sigui, gairebé ineluctablement: «Era necessari, traduir-les del castellà al català? Calia, quan pràcticament tots els que les llegeixin podrien fer-ho en la seva versió original?». La resposta a una tal qüestió no és ni fàcil ni senzilla, en general. I tampoc és aquest el lloc (ni el moment) més adient per tractar-la. Ara bé, pel que respecta a aquests quatre contes en concret, goso afirmar que ha estat una bona pensada.

Per més que no s’hi faci un especial esment —excepció feta de “Les parelles dels altres”: “Esclar que a Barcelona tampoc vaig trobar una llar acollidora”, (pàg. 23)— l’escenari de les composicions de Torner és indiscutiblement català. Un escenari (i un paisatge) tan immediatament recognoscible i familiar que potser no exigeix, però ben cert que sí agraeix ( per obtenir la major intensitat literària i emocional —la seva màxima efectivitat i afectivitat, si se’m permet el joc de paraules), que l’idioma sigui, també, immediatament recognoscible i familiar, al lector; que l’acosti tant com sigui factible a la seva sensibilitat. I a això hi ajuda d’allò més —hi diguin el que hi diguin els (falsos) universalistes lingüístics— la proximitat de llenguatge.

Perquè Torné, per damunt de tot, el que fa és atansar-nos als seus personatges; i ho aconsegueix servint-se d’uns narradors que no tan sols se’ns adrecen directament, en primera persona, sinó que ho fan parlant-nos a cau d’orella, en un to confidencial —fins i tot gosaria asseverar que confessional—, amb absoluta sinceritat, obrint-se de bat a bat i permetent-nos accedir a la part més pregona i desconeguda o secreta del seu interior. Talment com si els calgués, si no justificar-se o excusar-se, almenys explicar-se. En realitat, explicar-se (i entendre’s) a ells mateixos tot explicant-se als altres.

Si d’alguna cosa tenen plena consciència els personatges de l’escriptor barceloní és que, sigui el que sigui allò en què el seu viatge existencial els ha convertit, ho són, principalment, per —i en— els altres. Si el que ens ofereix aquest recull són les conclusions o reflexions —o, més aviat, els reflexos— de l’aprenentatge vital dels seus personatges, ho són, per damunt de tot, en tant que conjunt de gent, en tant que comunitat, en tant que generació.

Una generació lúdica, despreocupada i desresponsabilitzada, que sempre havia somniat desperta, que (a imatge de Peter Pan) havia convertit l’adolescència en eterna —“es dedicaven a exhibir trossos momificats de joventut”, (pàg. 46)— i que, tot d’una, arribats a la quarantena, prenen consciència que els anys han passat molt més de presa que no imaginaven: “envellir s’assembla massa a endinsar-se en l’espai que hem anat excavant de fa tants anys, des que vam començar a davallar per les pretensions del passat”, (pàg. 115).

Una generació desencantada, que de sobte ha hagut de tocar de peus a terra, d’afrontar la necessària col·lisió entre els somnis i la realitat, que els ha sobrepassats: “La realitat és allò que no podem solucionar […], allò que segueix allà quan tanques els ulls i ho penses d’una altra manera”, (pàg. 53).

Una generació que han arribat quasi sense adonar-se’n al bell mig de la seva vida havent fet ben poc més que acumular projecte rere projecte, sense plantar cap arbre, tenir cap fill ni escriure cap llibre: “Vaig anar decebent-me en comprovar que les metes dels meus amics just retrobats estaven a l’altura de l’època: pagar factures, organitzar les compres, recolzar uns pares que començaven a descompondre’s, empènyer els dies, procurar-se oci, estalviar energia, les sofisticacions i el tedi civilitzat de cap de setmana”, (pàg. 27).

dilluns, 14 d’abril del mmxiv

© Xavier Serrahima 2014
www.racodelaparaula.cat

 

Aquesta obra de Xavier Serrahima està subjecta a una llicència de Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional de Creative Commons